Chinese woman please don´t sleep with foreigners,  es el título en inglés de un controversial artículo que circula por las redes sociales y foros de la comunidad china desde al menos el año 2010.

Escrito por la esposa del afamado profesor de inglés Yu Minghong, fundador del New Oriental Education & Technology Group Inc., en la universidad de Beijing, el texto exhorta a las jóvenes chinas a mantenerse alejadas de los extranjeros  pobretones y fracasados que mediante engaños consiguen llevarlas a la cama, o mucho peor, casarse con ellas y “arruinar sus vidas”.

En plena era de la emancipación de la mujer a nivel mundial,  desde la óptica china, lo que dice la señora Yu no debe extrañar, ya que en China la preservación de la pureza racial (para la etnia dominante, Han), es esencial, así como la defensa del honor nacional, que se considera ultrajado ante el uso sexual de “sus” mujeres por parte de hombres extranjeros.

Las  opiniones de la autora pintan a las jóvenes chinas como criaturas carentes de sentido común, quienes indefensas o inadvertidas, caen en las redes de los  laowais que las utilizan como diversión sexual. Su texto es una ardiente súplica para que se comporten con sensatez.

A lo largo de todo el texto prima un profundo desprecio hacia los extranjeros varones, no así hacia las mujeres extranjeras. Considera que sólo los peores (se refiere principalmente a los estadounidenses) aparecen en China para probar suerte, al ser unos verdaderos inútiles y perdedores en su país de origen. Para ella son fulanos miserables que a lo mucho pueden aspirar a un empleo de maestro de inglés.

Estos hombres, según ella, de ningún modo pueden compararse con los hombres chinos encargados de preservar las tradiciones matrimoniales del país: buenos esposos  y excelentes amantes, incluso para las mujeres extranjeras.

En estricto sentido nacionalista, dice, no puede ser bien visto de ninguna forma que los extranjeros se lleven a las mujeres que son, por derecho, de los hombres chinos.

En cambio, señala, si alguna mujer extranjera está interesada en algún hombre chino, entonces sí, no hay ningún problema porque hay bastantes para todas, y esto es verdad, ya que en China existen más hombres que mujeres y por una amplia diferencia, por causa de la bien conocida política del hijo único.

Es básicamente la cuestión de la preservación cultural y racial la que preocupa a la señora Yu. Es una mujer tradicionalista que considera que las mujeres de su propia raza se enredan con extranjeros simplemente por estatus, reconocimiento social, e incluso el enaltecimiento de la cultura de los estadounidenses.

De acuerdo con el sociólogo Yu Hai, profesor y estudioso de la universidad de Fudan, existe una larga tradición de discriminación en China que se liga directamente con el  “estatus”. El profesor señala que perviven en China sentimientos muy fuertes de  rencor hacia los extranjeros (se les llama “diablos blancos” y también “narices largas”), al tiempo que se relaciona la piel blanca con la superioridad social.

Dice que  existe en China una intensa aversión hacia la piel negra o morena oscura,  puesto que se la identifica con África, la hambruna y las pestes, y también con algunas minorías étnicas dentro de la propia China.

Pero ocurre que las mujeres chinas son muy deseadas por los extranjeros. Esto se debe en gran medida a que muchas marcas de renombre a nivel mundial han optado desde hace años por utilizar mujeres con rasgos orientales en sus campañas, dotándolas de una fuerte carga erótica. La mujer asiática se ha convertido para muchos en un fetiche, una fantasía sexual que cumplir. Muchos hombres viajan a China con fines sexuales, para cumplir ese deseo.

Los motivos del artículo

Según narra la señora Yu en la introducción a su exhorto, fue el ver a una joven “flor” china acompañando a un vagabundo blanco que revolvía la basura lo que la motivó a ahondar en la cuestión.

Las burlas de una amiga francesa hacia esa joven, dice, la hirieron muy profundamente en su “honor de persona china”. De ahí, dice, se decidió a hacer un acercamiento “científico” al problema con varios objetivos:

Primero: hacer saber a todo el mundo la “fea verdad” sobre los extranjeros.

Segundo: llamar a la acción a todos los chinos, para que “podamos hacer ver a nuestras mujeres que el mundo no gira alrededor de los hombres extranjeros”.

Tercero: analizar por qué los hombres extranjeros se están llevando a las mujeres chinas, pero los hombres chinos no tienen tanto éxito con las mujeres blancas.

Cuarto: Descubrir lo que las mujeres blancas quieren, para así, ayudar a los hombres chinos a hacerse más atractivos para ellas.

Según la autora, sólo los  fracasados llegan a probar suerte en China y por el sólo hecho de ser extranjeros, deslumbran a las jóvenes y fácilmente las llevan a la cama.

Al parecer, muchas chicas creen que todos los extranjeros tienen dinero. A eso contribuye el hecho de que un dólar rinde mucho en China. De ahí que jóvenes educadas se enreden, así sea por una noche, con hombres que en sus países son unos verdaderos “perdedores”.

La autora no está tan equivocada  en considerar esto un verdadero problema social. No por la cuestión del honor, que es lo que a ella le duele (aunque también advierte sobre la transmisión del VIH, es verdad), sino porque en China hay escasez de mujeres y los hombres chinos sufren mucho para poder casarse.

Hombres  de valía pierden su oportunidad ante una joven, por el sólo hecho de ser chinos, según dice. Por ello, la autora insiste en hacer ver a las jóvenes que el estar con un extranjero no les resolverá la vida. Y que deben valorar a los buenos hombres de su país.

Y aconseja: “si te entregas por amor, qué bien, lucha por tu amor. Si te entregas por dinero, asegúrate de que ese sujeto realmente tenga dinero. Usualmente no lo tienen. No seas tonta”.

Texto publicado originalmente en Revista Bamboo. Con la colaboración de Erika Oliva. 

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