1

Llega el fragor,
casi el espanto,
mordiente
sobre la cordillera
de mi espalda.

Ha crecido,
paulatino,
cincelado por
tus palabras.

Derrama anhelo.

Como si fuese
mi vientre
un mar rugiente,
se enerva
y se remansa.

Hacia tu voz crezco.

Hacia tus manos me vuelvo agua.

2

Se ha abierto el reducto
donde lo no dicho
se alojaba.

Donde vegetaba
lo que punza,
lo que devora el aire.

Una sola pregunta,
y la respuesta fue un diluvio.

Estoy bajo la tormenta,
bajo el impacto de meteoros.

Traspasada,
sin piel,
sin aire.

Invadida,
y estallante.

Vacía de sinsentido
y plena de palabras.

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