Amantes viejos

Los amantes viejos,
de años,
de décadas.

Los que estuvieron aquí
desde antes de las canas,
de los quebrantos y las casi muertes.

Esos amantes que fueron incendio
y tras la llamarada voraz,
permanecieron.

Esos amantes que saben
que no siempre fuiste vieja.

A los que les puedes hablar
de la compartida juventud.

A los que les puedes preguntar:
«¿Te acuerdas?».

A los que siendo viejos,
se saben jóvenes,
desde la memoria del primer día,
ocultos en una calle oscura
demasiado pobres para pagar un cuarto
y demasiado tímidos para ser plenos.

Esos amantes que a tu vida vuelven
tras varias eras,
con cicatrices,
con hijos, infartos o la piel vencida.
Pero con la memoria viva
de ese poema que en tu oído desplegaron.

Son un hogareño retorno. Una chimenea encendida.

Son como rescatar del agua
un barco a la deriva.

Siempre nos queda algo
de nuestros viejos amantes:
el espanto, la dicha, la penumbra.

Cada toque,
cada beso,
matizó nuestro sendero.

Ofrendaron–a veces fugazmente–
sus cuerpos
para orquestar la memorable canción
de nuestra vida.

Autor entrada: Orquídea Fong

Periodista y comunicóloga egresada de la UNAM.

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