Deporte Extremo

Eje Central y Madero, Centro Histórico, CDMX. Intentando cruzar la calle, mi comadre y yo.

Ella: ¿Ya podemos pasar? ¿Dónde está el semáforo?

(Volteo a mi derecha  miro un semáforo que dice que el peatón puede pasar. El problema es que no es para nuestro sentido)

Yo: ¡Está en verde! ¡Vente!

(Todos los coches se nos echan encima. Veo venir mi final)

Yo: ¡Espérateeeee!! ¡Me equivoqué!! ¡¡Aaaaaahh!!

(Me quedo inmóvil mientras me pasan al lado unos autos, rasurándome. Junto a mí pasan dos chavos veinteañeros en moto)

Chavo: ¿Qué hacen chiquitas? ¡¡Las van a matar!!!  ¡Adiós!

(En cuanto podemos, nos regresamos a la banqueta)

Ella: ¡Qué babosas somos! Casi nos planchan.

Yo: Es que ya vengo muy cansada, ya no carburo. Pensé que el siga era para nosotros.

Ella: Yo tampoco razono,  yo ni el semáforo vi. ¡Solo me fui detrás de ti! ¡jajajaja!

Yo: O sea que si te digo que te avientes a una coladera, te avientas…mensa.

Ella: ¡La verdad que sí!! Ya no sé ni quien soy… Estuvimos a un pelito de quedar ahí, ¡bien tiesas! ¿Qué tal que nos matan?

Yo: Oye, ¿pero oíste a los chavos de la moto?

Ella: Sí, oí que te gritaron, pero no entendí.

Yo: Nos gritaron » ¡Cuidado, chiquitas!», ¿eh? Y tenían como 20 años, wei. Nada mal para dos cuarentonas locas.

Ella: ¡Oye qué bien! Pudo ser lo último que oyéramos antes de morir. ¡Qué padre!

*****

Tsss, así semos.

 

Autor entrada: Orquídea Fong

Periodista y comunicóloga egresada de la UNAM.

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