La Santa Muerte según Aridjis

El fenómeno de la Santa Muerte es tan confuso para los que no están inmersos en él, que se presta a cualquier clase de interpretación. Sobre todo habida cuenta del sincretismo que contiene su figura, la cual presenta elementos de las antiguas deidades nahuas de la muerte, la Virgen de Guadalupe y la muerte con guadaña, al estilo europeo.

Hay quien mira en ella protección y dulzura. Para otros es enseñanza existencial sobre la inevitabilidad del fin. Unos más aseguran que es un ángel al servicio de Dios. Y también están los que la ven como un símbolo de maldad y de tinieblas. Para el escritor Homero Aridjis es “la imagen de la muerte violenta”.

Según los “biógrafos” (así se hacen llamar) de la Santa Muerte, esta devoción es totalmente mexicana y surge allá por 1960, en ambientes rurales de pobreza y marginación. Personas que usualmente viven en riesgo, dicen, se sienten atraídas a la devoción de esta figura, como una de manera de poner aquello que tanto temen (la muerte), de su lado.

Con el tiempo se ha ido asociando a esta figura la capacidad de concederlo todo, siempre y cuando se le rinda completa dedicación. Ella no niega nada, dicen, “solamente” pide que seamos suyos por completo.

Allá por los 90, en el imaginario popular se realizó la asociación entre Santa Muerte y narcotráfico, luego de saberse que algunos capos eran devotos de tan siniestra figura. Muchos de ellos, desde la cárcel, narraron los ritos sangrientos que efectuaban para asegurarse fortuna. Algunos de estos ritos eran dedicados  a la Santa Muerte, pero no era la norma.

Con este tema, el de la relación entre narcos y dicho culto,  es que el escritor Homero Aridjis compuso su relato La Santa Muerte. Este es uno de seis cuentos del libro del mismo nombre, que lleva por subtítulo “Sexteto del amor, las mujeres, los perros y la muerte”, editado en 2003 por Alfaguara.

La trama es sencilla: un periodista es invitado a una delirante fiesta de narcotraficantes a la que acuden políticos, militares, empresarios y reinas de belleza. Todos se muestran serviles ante el capo mayor, el dueño del rancho donde tiene lugar el festejo. El periodista descubre en el transcurso de la noche que será asesinado, como ofrenda a la Santa Muerte.

Intercambiando habitaciones con otro invitado, el periodista logra escapar. Otro muere en su lugar y el capo lo sabe, pero lo deja ir, no sin antes hacerle sentir con falsa amabilidad, que en cualquier momento, en cualquier lugar, puede tocarle a él.

Aridjis crea una escena de rito hacia la Santa Muerte, en la que se ofrenda la vida de un hombre. El sacrificio humano, según lo que se sabe, no es un componente usual del culto. La mayoría de los devotos ofrendan velas, dulces, alcohol, frutas. Sin embargo, esta devoción está en constante evolución y continuamente se le incorporan prácticas de otras tradiciones, como hechizos con flores, “amarres”, limpias de la casa y del negocio y hasta rezos del padrenuestro. No es raro que un narco deseoso de protección incorpore el sacrificio humano.

En el relato de Aridjis, el capo mayor, Santiago López, se arrodilla frente a una figura vestida de rojo y eleva una larga oración:

“Oh Santa Muerte, protégeme y líbrame de mis enemigos, embóscalos, tortúralos, enférmalos, mátalos, hazlos picadillo. Oh Santa Muerte que dominas el mundo, en nombre de los que están aquí postrados, te pido poder contra mis adversarios. Que no me quiebren, que no me arresten, que no me maten. Te pido, Santa Muerte mía, que no me desampares ni de noche ni de día y que me defiendas de la traición de amigos y enemigos. También te pido la muerte violenta de los que desean mi mal…”.

En esta escena, el autor se inspira en auténticas oraciones que los devotos de la Santa Muerte acostumbran. Los temas más frecuentes en dichos rezos son la destrucción de los enemigos y el dominio sobre la persona amada, lo que se llama comúnmente “amarre”. El tercer tema más usual es el solicitar una buena muerte, un final sosegado al terminar la vida.

No obstante el título del relato, Aridjis desarrolla muy poco el tema de la Santa Muerte. A mi parecer, apenas hace lo posible por justificarlo, pero aún así, el relato es bueno y disfrutable, con buen ritmo y gran factura. El resto de los relatos del libro también son recomendables, en especial “La calle de las vidrieras”.

Autor entrada: Orquídea Fong

Periodista y comunicóloga egresada de la UNAM.

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