Lejano, intraducible

Lejano, intraducible

Como a un horizonte marino
te observo, lejano.

Recortada tu silueta
contra el sol que muere.

Callado,
oculto está tu incendio.

Te nombro en mi alma:
framboyán,
flor jaguar,
amante estela.

Callo, atenta.
Cierta de tu exuberancia soterrada.

Mas clara también de ser,
en tu mundo de preguntas,
de angustias y de aves,
una diminuta palabra casi muda.

Callo, observante.
Es poco lo que tu silueta me revela.

Guardo los recuerdos,
fiel a tu consejo.
Envueltos están en lienzos perfumados.
A la manera
de las mujeres de hace siglos.

Hace siglos que te espero.
Sé que no volverás.

Que tu sitio es un figurado mar inaccesible.
Negado a mis manos,
a mí,
que soy impropia a tu paisaje,
igualmente tan lejana,
e intraducible.

Quizá me observes también,
y te preguntes el motivo
de nuestro fugaz amor eterno.

Y te duelas.

O tal vez,
a diferencia mía,
aceptes la muerte súbita de nuestro mundo.

El mago y la princesa
no serán más uno del otro.

Caminas, y te alejas.

A contraluz,
mis ojos ya no miran.

Todo es resplandor que quema.

Orquídea Fong

Periodista y comunicóloga egresada de la UNAM.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: