Orlando

«Si mostramos empatía por Orlando o París, o Bélgica estamos mal como nación», publicó hace un rato un fulano. No pude soportar su estulticia y ya no está en mis contactos. No le dije nada (ya no me engancharé como hice ayer).

Dijo que aquí tenemos tragedias de las que ocuparnos (lo cual nadie niega) y nos debiera doler más lo de aquí y no fijarnos en lo lejano. Es, pues, un nacionalista que le regatea su simpatía a personas dolientes, por el mero accidente de haber nacido en otro país.

Es otra de las facetas de la inmensa estupidez humana, la cual hoy me abruma, me rebasa.

Es tan evidente que el duelo por una tragedia no excluye a la otra que ni siquiera debiera tenerse que explicar.

Es tan obvio que en Orlando el motor fue el odio (homofobia, fundamentalismo religioso o una mezcla de ambas) que hay que enfatizarlo, para diferenciar de las masacres cometidas por codicia o control de territorio entre carteles, OJO, no porque las vidas humanas sean menos importantes o nos duelan menos, sino porque discernir la diferencia entre motivos nos ayuda (o esperamos que nos ayude) a encontrar explicaciones y deseamos que tener esas explicaciones nos permita avanzar a erradicar la violencia.

Veo sin embargo tantas señales en contra.

Personas que se alegran, ya que dicen que el mundo es ahora un poco menos sucio.

Personas que desean que haya «más masacres y menos gays».

Personas que se alegran de que entre grupos criminales haya masacres, puesto que así «hay menos delincuentes», sin ver que ese fenómeno no tiene fin, no por ese camino. Que los muertos dejan deudos, deseosos de venganza, y que la espiral sigue, interminable.

Personas que con razonamientos baratísimos («Dios no hizo a Adán y a Juan, sino a Adán y Eva»), pretenden estar seguros de la voluntad de dios y en su nombre, justifican la burla, la sorna y la masacre.

Personas que se ríen y ven la muerte de personas normales como una derrota política para quienes les molestan y se gozan con ello.

Personas que no oyen, cierran la mente al entendimiento y permiten que sus atavismos los posean.

Personas que renuncian a su humanidad, y se comportan como bestias primitivas. Son sólo sombra, nada de luz.

Personas que se burlan de quienes con ingenua ( y totalmente pura) buena voluntad piden oraciones.

Personas que no valoran los buenos corazones de quienes mandan abrazos a los desconocidos que hoy sufren.

Personas que aprovechan estas coyunturas para hacer gala de su mucho conocimiento de política, sociología o historia y convierten este evento en algo que les concierne, un pretexto para el lucimiento.

Personas que, como yo ahorita, nos confesamos impotentes, extraviados, sin respuestas. Que no sabemos qué hacer, y que no aportamos, sólo expresamos.

Hoy, ante mi altar, no pude decir nada. Sentí pena por todos nosotros.

Autor entrada: Orquídea Fong

Periodista y comunicóloga egresada de la UNAM.

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